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Aventuras por la ciudad

Sucesos de la noche que conocí a Kevin Johansen y David Aguilar

Hace como un año fui a cubrir con mi programa previo de radio a un concierto en San Francisco. Fui con mi entonces socia Elizabeth y nuestro fotógrafo invitado para la ocasión Daniel, muy contentos a la ciudad de San Francisco. El evento se llamaba “Hope and Healing Concert”, en beneficio para el Instituto Familiar de la Raza, con presentaciones de David Aguilar y Kevin Johansen.

Llegamos temprano para realizar nuestras entrevistas, nos estacionamos a un par de cuadras, y entramos. Primero tuvimos una entrevista exquisita con el cantautor. Sabíamos que estaba a millón y el manager nos pidió que tratáramos que no fueran más de diez minutos, por lo que fuimos muy juiciosas y nos tomamos menos de ocho. Sin embargo, nos dimos cuenta de lo dulce y buen conversador que Kevin es. Se sentía que tenía ganas de quedarse un rato agradable conversando, pero en unos minutos empezaría su show.

Me quede muy a gusto con la participación del cantautor David Aguilar, el primero de la noche. Notamos su química con el público, y su gracia al cantar. Sus baladas eran suaves y sus letras muy bien pensadas, con mucho sentido.

Ambos artistas dieron presentaciones fantásticas, animando y celebrando al público, latino en su mayoría. Fue una noche bilingüe.

Al finalizar el concierto todos estaban muy felices, al final no falto la conga alrededor de todo el auditorio dirigida por Kevin que bajo a bailar con el público y subió el público a la tarima. Con tantos ánimos, decidimos unirnos al “After-Party” para conversar con el resto de los promotores, artistas y representantes de la fundación.

Para nuestra sorpresa, al salir no encontramos el auto. Revisamos varias cuadras en la misma calle, a ver si estábamos confundidos, pero sabíamos que estábamos bien parados y no había razón para que nos remolcaran con grúa. La verdad es que uno no se espera que el carro le falte en las calles de San Francisco, a menos que se lo lleve un fiscal por pararlo mal. Cuando definitivamente mi carrito no aparecía, llamamos a varias agencias a verificar que no se lo habían llevado remolcado. Definitivamente se lo robaron!

OH NO! Mi carrito! Buajjjjj……

Como no era emergencia, la policía se dio su tiempo en llegar. Como media hora después se aparecieron, cuando ya habíamos encontrado Humus y Chips para matar el hambre que Elizabeth y Daniel tenían. Cuando llegaron ya yo no lloraba, y los hambrientos no estaban tan desesperados.

Los policías muy amables me dijeron que no era típico, y que lo más posible era que serian adolecentes practicando a ser criminales. Les conté que mi carro no es tan atractivo, detrás de donde estaba estacionada habían Audis y Mercedes. Los asientos de atrás estaban llenos de calcomanías que mis hijos ponían en los vidrios. Les describí mi carro, que tenia juguetes, sillita de seguridad para niños, libros de la biblioteca, una pelota de futbol… Con una sonrisa me dijo que en este tipo de casos aparecía el carro en pocos días y que casi siempre ni tocaban las cosas adentro del carro.

Para el concierto ese día se nos unió el esposo de Elizabeth con su hijo de 7 años de Elizabeth, pero no se les podia encontrar en ese momento. Ellos posiblemente ya estaban en la “after-party” no aparecían. Contabamos con que ellos eran los que nos llevarían de vuelta a nuestras casas en las afueras de la ciudad. Desaparecidos totales!. Con todo y que por un buen tiempo seguimos enviando mensajes de textos alarmistas y locos.

La fiesta era a una milla de donde estábamos. Yo ya estaba planeando en tomar un taxi, y pensé que sería una buena oportunidad para probar uno de los nuevos taxis pirata de bigotes rosa enfrente, que ahora se encuentra en todos lados en SF. Definitivamente los tacones de Elizabeth no nos llevarían hasta allá a pie entre subidas y bajadas. Muy amable, el policía nos dijo que nos llevarían, pero solo les permitían llevar a dos personas a la vez. Buenas noticias para nosotras, no tan buenas para Daniel, que tendría que caminar.

Llegamos a la fiesta justo cuando los artistas se estaban bajando de su Van. Por supuesto, nosotras robando el show, porque llegamos con estilo, en una patrulla y la policía nos abrió la puerta para bajar. Enseguida explicamos, y todos nos apoyaron al enterase. En la fiesta pudimos hablar por unos minutos con los músicos, los promotores y los representantes del Instituto Familiar de la Raza, mientras que esperábamos a Daniel. Pronto les traeremos entrevistas con ellos también.

Cuando llego Daniel, quiso despedirse de Kevin y sacarse una foto, y luego nos fuimos, ya que a todas estas el esposo e hijo de Elizabeth no pudieron entrar ya que solo se permiten mayores de 21 años en el local.

A la mañana siguiente, después de dejar a los chicos en el colegio recibí una llamada de la policía. Habían encontrado mi carro! Esa misma tarde lo busque. La gracia me costó (bueno, a mi seguro, que me lo tiene que pagar) $525. Todo estaba intacto dentro del carro, y quiero decir TODO. Los juguetes, los libros de la biblioteca, un trípode carísimo de Daniel que estaba en la maleta, nuestro “Mike” favorito, también en la maleta, las meriendas de emergencia que siempre le tengo a los niños en la maleta… TODO estaba ahí. El carro lo dejaron a un poco más de una milla de donde se lo llevaron. Ni siquiera gastaron mucha gasolina. Increíble!

Dentro de todo la aventura nos dejo sin casi consecuencias, pero pensando si el destino no nos estaba tratando de enviar algún mensaje, que deberíamos de descifrar.

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